Es un hecho conocido que las condiciones
meteorológicas tienen un gran
efecto sobre la potencia de los motores
de combustión interna. Por
ello, las potencias establecidas para
un motor se obtienen a unas RPM determinadas
en unas condiciones meteorológicas
concretas.
Internacionalmente se ha adoptado
la normativa ISO 3046 que regula
las potencias en base a los datos
obtenidos por un dinamómetro,
estableciendo la potencia que el
motor producirá a nivel del
mar, con una humedad relativa del
30%, 20º C de temperatura y
29,61 pulgadas de mercurio de presión
barométrica.
Las condiciones ambientales en
verano, de alta temperatura, baja
presión barométrica
y alta humedad, combinadas, reducen
la potencia del motor además
de reflejarse en una reducción
de las velocidades de la embarcación;
en algunos casos hasta 3 a 5 km
por hora (2-3 millas por hora).
Nada hará que el usuario
recupere la velocidad, a excepción
del tiempo frío y seco.
Por señalar las consecuencias
prácticas de los efectos
ambientales, le podemos decir que
un motor funcionando en un clima
cálido y húmedo de
verano puede registrar una pérdida
de hasta un 14% de la potencia en
relación con un día
seco y fresco de primavera u otoño.
La potencia que produce cualquier
motor de combustión interna
depende de la densidad del aire
que consume y a su vez esta densidad
depende de la temperatura del aire,
de la presión barométrica
y contenido de vapor del agua (humedad).
Junto con esta pérdida de
potencia debido a las condiciones
atmosféricas hay una segunda
pérdida más sutil.
A comienzos de la primavera, el
motor estaba equipado con una hélice
que permitía al motor girar
dentro de las RPM máximas
recomendadas a máxima aceleración.
Con la llegada del verano y la consiguiente
pérdida de potencia, esta
hélice, en efecto, será
demasiado grande. En consecuencia,
el motor funcionará por debajo
de las RPM recomendadas.
Por las características
de potencia y RPM del motor, se
producirá una mayor pérdida
de potencia en la hélice
con una reducción de la velocidad
de la embarcación. Esta pérdida
secundaria, sin embargo, puede recuperarse
cambiando la hélice por otra
de paso menor que permita que el
motor alcance las RPM máximas
recomendadas.
Para que el usuario disfrute de
un óptimo rendimiento de
motor en condiciones climatológicas
cambiantes, es esencial que el motor
lleve instalada la hélice
adecuada para que alcance las RPM
máximas recomendadas a máxima
aceleración y con una carga
normal.
Esto no solo le permite al motor
desarrollar su máxima potencia,
sino que también, e igual
de importante, es el hecho de que
el motor funcionará a las
RPM adecuadas evitando los daños
por detonación. Esto, por
supuesto mejora la fiabilidad y
la durabilidad general del motor.